Diciembre, casi 11 meses
desde que te fuiste, así sin avisar, sin un hasta luego, sin un nos vemos
pronto, sin una palabra de esperanza. No te dio tiempo, alguien decidió que era
tu hora, y me dejaste aquí, aún necesitándote, y con la ardua tarea de
recomponerme y volver a sentir ganas de vivir.
Durante estos meses ha
habido altos y bajos, he cambiado físicamente, no me reconozco, he intentado
alejar lo que no me hace bien, mi vida ya no es la misma, he intentado por
todos los medios sufrir lo justo, no lo he conseguido, tu recuerdo late en mí
como un caballo desbocado y con el miedo a que diga basta cualquier día de
estos.
Los demás no tienen ni
idea de cómo me siento, aunque hayan pasado por situaciones parecidas no saben
lo que teníamos tu y yo. Mi talón de Aquiles, mi bastón, mi fiel consejero.
No me quedaron cosas por
decirte, tu ya sabías lo mucho que te quería, los hechos muchas veces hablan
más que las palabras, pero si me gustaría haberte agradecido tanto, por hacerme
la persona que soy, fuerte y sensible a la vez, luchadora, y cabezota...como tú.
He dejado de buscarte, al
fin comprendí que era en vano, tú estás en otro sitio, espero que más bonito y
amable.
A mi aún me queda camino
para reconstruirme, tu vacío es una cicatriz que sangra constantemente, aún me
hace daño recordarte, aunque hago progresos y me acuerdo de tu sonrisa, pero
decirlo en voz alta me taladra el pecho.
Tiempo, necesito tiempo y
conocerme más, ser capaz de asimilar todo esto y buscar nuevas inquietudes e
ilusiones, algo que me diga, tu si estas viva, quiero volver a reír a
carcajadas y no sonreír a medio lado, como si me sintiera culpable por hacerlo.
Poder disfrutar de lo que tengo, de lo que he construido, por lo que moriría cada
día.
